¿Son las remesas un motor sostenible o un salvavidas temporal?
- M&T
- hace 11 horas
- 2 Min. de lectura
Las remesas se han convertido en uno de los pilares silenciosos de la economía latinoamericana. Lo que durante décadas fue visto como un ingreso complementario para los hogares, hoy representa un flujo macroeconómico determinante para la estabilidad fiscal, el consumo interno y la balanza de pagos en varios países de la región.

(M&T)-. De acuerdo con el Banco Mundial, América Latina y el Caribe recibieron más de US$160.000 millones en remesas en 2024, una cifra récord que consolida a la región como uno de los principales destinos de estos flujos a nivel global. Estados Unidos continúa siendo el principal país de origen, impulsado por la estabilidad laboral de comunidades migrantes y la digitalización de los canales de envío.
En economías como El Salvador, Honduras y Guatemala, las remesas representan entre el 20% y el 25% del PIB, convirtiéndose en un factor crítico para el consumo de los hogares y la estabilidad cambiaria. México, por su parte, superó los US$60.000 millones anuales, reforzando su posición como el segundo mayor receptor mundial después de India.
El impacto va más allá del ingreso familiar. Las remesas sostienen sectores como comercio, vivienda y servicios financieros, dinamizando el crédito y fortaleciendo la liquidez del sistema bancario. Sin embargo, también generan una dependencia estructural que puede convertirse en vulnerabilidad ante desaceleraciones económicas en Estados Unidos o cambios en políticas migratorias.
Otro elemento clave es la transformación tecnológica del ecosistema de envíos. Las fintech y plataformas digitales han reducido costos y tiempos de transferencia, ampliando la inclusión financiera. Según el Banco Interamericano de Desarrollo, la digitalización de pagos transfronterizos está acelerando la formalización y trazabilidad de estos flujos, mejorando su impacto económico.
El desafío regional es convertir este flujo constante en una palanca de desarrollo productivo. Incentivar el ahorro, canalizar remesas hacia inversión local y facilitar acceso a instrumentos financieros puede transformar estos recursos en capital de largo plazo, en lugar de consumo inmediato.
En un contexto de crecimiento moderado en América Latina, las remesas no solo sostienen hogares; sostienen economías enteras. El reto ahora es pasar de la resiliencia basada en envíos externos a una estrategia que combine migración, productividad y desarrollo interno sostenible.





