Geopolítica 2026: oportunidades y riesgos para la región
- Walter Rivera

- hace 13 horas
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El equilibrio global ya no es el mismo. En los últimos años, la competencia estratégica entre Estados Unidos y China ha dejado de ser exclusivamente comercial para convertirse en una disputa tecnológica, energética y de influencia política. En ese nuevo tablero, América Latina ya no es un actor periférico: es territorio clave para cadenas de suministro, minerales estratégicos, infraestructura portuaria y mercados emergentes.

(M&T)- De acuerdo con el Banco Mundial, América Latina crecerá alrededor del 2% en 2025, una cifra que refleja resiliencia, pero también limitaciones estructurales en productividad e inversión. En ese contexto de crecimiento moderado, la región se convierte en un espacio de disputa por capital, infraestructura y alianzas estratégicas, especialmente en sectores como energía, tecnología y manufactura avanzada.
China se ha consolidado como el principal socio comercial de países como Brasil, Chile y Perú, mientras que Estados Unidos mantiene una influencia histórica en México, Centroamérica y el Caribe. Según datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), el comercio entre China y América Latina se ha multiplicado por más de 25 veces desde el año 2000, reflejando una transformación estructural en los flujos comerciales regionales.
Sin embargo, el escenario actual va más allá del intercambio de bienes. La disputa incluye semiconductores, infraestructura 5G, inteligencia artificial y minerales críticos como el litio. América del Sur concentra cerca del 60% de las reservas mundiales de litio, un insumo clave para la transición energética. Esto coloca a países como Argentina, Chile y Bolivia en una posición estratégica dentro de la nueva economía verde.
Al mismo tiempo, Estados Unidos impulsa estrategias como el nearshoring, que busca relocalizar cadenas de producción hacia países cercanos. México ya ha visto un aumento significativo en inversión extranjera directa vinculada a manufactura avanzada, fenómeno que podría extenderse hacia Centroamérica si se fortalecen marcos regulatorios, infraestructura logística y estabilidad jurídica.
El reto para la región no es elegir entre Washington o Beijing, sino negociar con inteligencia estratégica. La clave está en diversificar alianzas, fortalecer instituciones y elevar el valor agregado de sus exportaciones. Sin reformas estructurales en educación, innovación y competitividad, el riesgo es permanecer como proveedor de materias primas en una economía global cada vez más sofisticada.
El nuevo mapa geopolítico no solo redefine rutas comerciales; redefine también modelos de desarrollo. América Latina tiene la oportunidad de convertir la tensión global en una palanca de crecimiento sostenible, siempre que logre articular políticas industriales modernas, seguridad jurídica y visión de largo plazo.









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