¿Cómo cambia el rol del CRO en la banca del futuro?
- Walter Rivera
- hace 2 horas
- 3 Min. de lectura
La gestión del riesgo dejó de ser un ejercicio defensivo para convertirse en una función estratégica dentro de las entidades financieras. En un entorno atravesado por volatilidad económica, presión regulatoria y aceleración tecnológica, las decisiones sobre crecimiento, rentabilidad y estabilidad pasan cada vez más por la mesa del Chief Risk Officer (CRO).

(M&T)-. Especialistas del sector financiero coinciden en que el rol del CRO ha evolucionado de custodiar riesgos a anticipar escenarios y habilitar decisiones de negocio, integrando variables financieras, tecnológicas y regulatorias para sostener el crecimiento de bancos y entidades financieras en la región de cara a 2026.
La responsabilidad del CRO abarca hoy riesgos crediticios, de mercado, de liquidez, operativos, tecnológicos y regulatorios, pero su aporte va más allá del control. En los últimos años, esta función pasó de ser reactiva y restrictiva a convertirse en un socio estratégico, capaz de analizar riesgos y oportunidades de forma transversal, alineado con las áreas comerciales y financieras.
Para Luis Barrientos, Risk Domain Expert en SAS Latinoamérica, este cambio explica por qué el CRO es hoy una figura clave en la toma de decisiones. Según su análisis, antes el enfoque estaba en imponer límites bajo reglas rígidas; ahora, el CRO observa el mismo tablero que el negocio y orienta sobre dónde y cómo crecer, siempre dentro del perfil de riesgo definido por la alta dirección.
Inteligencia artificial, datos y escenarios: prioridades para 2026
Entre las principales tendencias que marcarán la agenda del CRO hacia 2026 destaca la adopción estratégica de la inteligencia artificial y el machine learning. Barrientos subraya que estas tecnologías ya no son una moda, sino herramientas viables gracias a los avances en infraestructura y capacidad de procesamiento. A diferencia de los modelos estadísticos tradicionales, los modelos avanzados permiten procesar mayores volúmenes de datos, incorporar variables externas y adaptarse con mayor rapidez a cambios del entorno económico.
Este avance tecnológico fortalece la capacidad del CRO para responder con mayor precisión a preguntas clave del negocio, como evaluación de nuevos clientes, ajustes en políticas de crédito, creación de escenarios de estrés y análisis de impactos macroeconómicos. No obstante, el especialista advierte que la implementación debe ser gradual y controlada, priorizando los casos donde el valor es mayor y el riesgo es menor antes de escalar su uso.
El uso intensivo de datos y analítica avanzada se consolida además como el lenguaje común entre riesgos, finanzas, tesorería, tecnología y áreas comerciales. El acceso a información interna y externa —que incluye variables económicas, sociales, climáticas y geopolíticas— permite construir una visión más completa del riesgo, mejorar la coordinación entre áreas y alinear prioridades dentro de organizaciones cada vez más complejas.
A este panorama se suman desafíos clave como la gestión de escenarios en tiempo real, el riesgo de modelo asociado al uso intensivo de IA, y la ciberseguridad, entendida no solo como un costo del avance tecnológico, sino como un factor crítico para proteger datos, modelos y operaciones. En un contexto de mayor volatilidad macroeconómica y política, la capacidad de reaccionar con agilidad se vuelve tan importante como la identificación del riesgo mismo.
En la región, el rol del CRO muestra niveles de madurez distintos, pero con una tendencia clara hacia la convergencia. En países como Costa Rica, Panamá, Honduras, Guatemala y México, el CRO participa cada vez más en discusiones estratégicas, incorporando variables locales y regionales en sectores como agroindustria, tecnología, manufactura y servicios.
Un efecto relevante de esta evolución es el impulso a la inclusión financiera. Una gestión de riesgos más sofisticada y basada en datos permite identificar segmentos históricamente excluidos, diseñar productos más adecuados y ampliar el alcance del sistema financiero sin comprometer la estabilidad del negocio.
Mirando al mediano y largo plazo, los especialistas anticipan que entre 2025 y 2030 el ritmo del cambio tecnológico será aún más acelerado. En ese escenario, la inteligencia artificial, la analítica avanzada y la automatización redefinirán no solo los procesos internos de bancos, cooperativas y aseguradoras, sino también su relación con clientes, reguladores y socios.
El consenso es claro: el CRO será un articulador central entre riesgo, tecnología y estrategia, asegurando que las entidades financieras no solo crezcan, sino que lo hagan de manera sostenible, resiliente y alineada con su rol en la economía regional.





