¿Qué nos dicen los recientes sismos sobre la realidad geológica de Panamá?

Los recientes sismos evidencian la necesidad de fortalecer la investigación científica, mejorar la seguridad de las infraestructuras y preparar a la población para reducir los riesgos ante futuros terremotos en Panamá.

Los recientes sismos registrados en Panamá han reavivado el debate sobre la preparación del país frente a los terremotos y la necesidad de fortalecer la investigación científica, la prevención ciudadana y la seguridad de las infraestructuras. Aunque la actividad sísmica no siempre está presente en la conversación pública, forma parte de la realidad geológica del territorio.
El doctor Luis Pinzón, especialista en Ingeniería Sísmica y Dinámica Estructural e investigador distinguido del Sistema Nacional de Investigación (SNI), explica que los terremotos son fenómenos naturales originados por el movimiento de las placas tectónicas. “No podemos evitar que ocurran, pero sí podemos estudiar dónde pueden producirse, cómo se propagan sus ondas y qué podemos hacer para reducir sus consecuencias”, señala.
Panamá se encuentra en una región donde interactúan las placas de Cocos, Nazca, Caribe y Suramérica, además de otras estructuras tectónicas asociadas al bloque o microplaca de Panamá. Entre las fallas identificadas están las de Azuero-Soná, Pedro Miguel y Limón. La primera se investiga como posible fuente del terremoto del 9 de octubre, aunque Pinzón advierte que se requieren más análisis para determinar con precisión qué estructura se rompió.

Después de un terremoto de gran magnitud, las réplicas son un fenómeno natural que puede prolongarse durante horas, días, semanas o meses. Según Pinzón, tras el evento del 9 de octubre se habían registrado cientos de estos movimientos. Aunque no es posible predecir exactamente cuándo ocurrirá una réplica ni cuál será su magnitud, el especialista recomienda solicitar evaluaciones técnicas si aparecen grietas importantes, desprendimientos o deformaciones en las estructuras.
La evaluación del riesgo también requiere distinguir entre magnitud e intensidad. Mientras la primera mide el tamaño del terremoto y la energía liberada, la segunda describe sus efectos en un lugar determinado. Según los datos suministrados por Pinzón, el sismo del 9 de octubre alcanzó una magnitud de 7.7, de acuerdo con el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS). Los sensores analizados en la Universidad Católica Santa María La Antigua (USMA) registraron aceleraciones máximas del terreno de 0.04 g en Ciudad de Panamá y 0.06 g en David.
Estos registros pueden contribuir a comprender cómo responden las edificaciones y otras infraestructuras ante los movimientos sísmicos. A nivel ciudadano, la prevención incluye identificar lugares seguros, asegurar objetos que puedan caer, preparar un kit de emergencia y establecer un plan de comunicación familiar. Durante un sismo, se recomienda agacharse, cubrirse y sujetarse, mientras que después del movimiento debe evitarse ingresar a estructuras dañadas sin una evaluación profesional.
La capacidad de respuesta del país también depende de la formación de especialistas y la generación de conocimiento científico. Según la Secretaría Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (Senacyt), Panamá cuenta con cerca de 15 investigadores y técnicos vinculados con disciplinas como la sismología, la geología, la geofísica y la ingeniería sísmica. Desde 2005, la institución ha financiado más de 15 proyectos relacionados con sismología y estructuras sostenibles, además de apoyar la formación de recurso humano especializado.
Para Milagro Mainieri, directora de Investigación y Desarrollo de la Senacyt, la preparación requiere esfuerzos sostenidos. “La capacidad de Panamá para entender la amenaza sísmica y prepararse ante ella se construye durante años de investigación, no solo en el momento de una emergencia”, afirma. La especialista destaca la importancia de mantener la instrumentación, formar profesionales y generar evidencia para orientar las decisiones públicas.
Los recientes acontecimientos representan una oportunidad para ampliar la investigación, mejorar los datos disponibles y fortalecer la comunicación científica. Aunque la ciencia no puede predecir con exactitud cuándo ocurrirá el próximo gran terremoto, sí puede contribuir a comprender la amenaza y reducir la vulnerabilidad de la población. Invertir en ciencia y prevención es, por tanto, una apuesta por la seguridad, la resiliencia y el desarrollo de Panamá a largo plazo.




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