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La nueva ecuación empresarial combina inteligencia artificial, confianza y talento

  • Foto del escritor: Walter Rivera
    Walter Rivera
  • hace 6 horas
  • 4 min de lectura

La inteligencia artificial está acelerando cambios en prácticamente todas las áreas de las organizaciones, pero incorporar más tecnología no garantiza por sí mismo mejores resultados. La capacidad para rediseñar el trabajo, desarrollar habilidades, tomar decisiones confiables y fortalecer la cultura aparece como una variable cada vez más determinante para competir en esta nueva etapa.



(M&T)-. El informe Tendencias Globales de Capital Humano 2026 de Deloitte plantea precisamente este cambio de perspectiva: la diferenciación empresarial dependerá menos del acceso a la tecnología y más de la manera en que las organizaciones logren combinar las capacidades humanas con las digitales.


Una de las señales de esta transformación está en las prioridades empresariales. De acuerdo con los datos presentados, el 67% de los líderes considera que la agilidad será una prioridad, mientras que únicamente el 28% mantiene el crecimiento en escala como su principal apuesta competitiva. El desafío, por tanto, pasa por responder con mayor rapidez a mercados, clientes y estructuras de trabajo que pueden cambiar constantemente.


Sin embargo, convertir esa intención en capacidad operativa sigue siendo complicado. Aunque el 88% considera esencial coordinar talento, tecnología y recursos en tiempo real, solo el 7% reporta avances significativos en esa dirección. La brecha muestra que transformar una organización requiere mucho más que incorporar nuevas herramientas.

La IA necesita un rediseño del trabajo


El avance de la inteligencia artificial está obligando a revisar cómo se distribuyen las tareas entre personas y tecnología. Según el informe, el 59% de las organizaciones mantiene un enfoque de adopción centrado principalmente en la tecnología. No obstante, aquellas que ponen mayor atención en el diseño humano del trabajo presentan hasta 2,5 veces más probabilidades de registrar mejores resultados financieros.


La diferencia también puede observarse en productividad. Implementar IA sin modificar procesos tiende a producir mejoras limitadas, mientras que las organizaciones que acompañan la tecnología con cambios organizativos han registrado incrementos de productividad de hasta un 30%, según los datos incluidos en el documento.


Esto coloca a las empresas ante una decisión más amplia que la simple automatización. La pregunta ya no es únicamente qué actividades puede ejecutar una máquina, sino cómo deben reorganizarse las funciones para aprovechar la tecnología sin perder capacidades como el criterio, la creatividad y la adaptabilidad humana.

La transformación también está alcanzando los procesos de toma de decisiones. Un 60% de los ejecutivos ya utiliza inteligencia artificial como apoyo para decidir, pero apenas un 5% considera que lo está haciendo correctamente. Al mismo tiempo, el 85% reconoce haber dudado o haberse arrepentido de decisiones recientes debido al exceso de datos y a una baja confianza en la información disponible.


La conclusión es relevante para las organizaciones que esperan que la IA reduzca automáticamente la incertidumbre: una mayor disponibilidad de información no necesariamente produce mejores decisiones. Sin mecanismos adecuados de validación, gobernanza y criterio humano, la tecnología también puede amplificar errores existentes.

Confianza y cultura entran en la ecuación


Uno de los desafíos más sensibles aparece en la calidad de la información relacionada con el talento. El 95% de los ejecutivos expresa preocupación por la veracidad de esos datos, mientras más de un tercio de los trabajadores reconoce utilizar herramientas de IA para mejorar la presentación de sus perfiles profesionales. El documento incluso señala que, para 2028, uno de cada cuatro candidatos podría ser completamente artificial.


Esta dinámica está dando paso a procesos de selección donde algoritmos pueden encontrarse en ambos extremos: candidatos utilizan herramientas automatizadas para postularse a múltiples vacantes y las empresas recurren a sistemas similares para clasificarlos. El resultado puede ser un mercado laboral con más información disponible, pero también con mayores dificultades para determinar qué datos son confiables.


El reto se extiende hacia el interior de las organizaciones. Solo el 20% de los trabajadores afirma sentirse realmente conectado con su empresa y el 80% desconfía del uso que sus colegas hacen de la IA. Pese a ello, apenas el 5% de las compañías estaría gestionando adecuadamente este impacto.


Deloitte utiliza el concepto de “deuda cultural” para describir la acumulación de prácticas, comportamientos y valores deteriorados que, con el tiempo, pueden afectar el funcionamiento de una organización. La incorporación acelerada de nuevas tecnologías puede profundizar ese problema cuando no está acompañada de reglas claras, comunicación interna y confianza.


El impacto sobre el empleo también presenta matices. El 41% de los empleadores prevé reducir su plantilla como consecuencia de la IA hacia 2030, aunque el informe señala que algunas organizaciones están reconsiderando estrategias de sustitución al observar mejores resultados cuando combinan capacidades humanas y tecnológicas.


Para América Latina y el Caribe, estos cambios plantean retos particulares. La capacidad de adaptación puede favorecer a organizaciones de economías más pequeñas, pero las brechas de habilidades digitales y humanas pueden limitar ese potencial. El desarrollo de talento, la actualización de competencias y los procesos de reskilling adquieren así una importancia creciente para empresas que buscan incorporar IA sin ampliar las diferencias existentes.


La transformación tecnológica, por tanto, está desplazando la conversación desde cuánto invertir en inteligencia artificial hacia cómo construir organizaciones capaces de utilizarla con criterio, confianza y velocidad. A medida que las herramientas digitales sean más accesibles y replicables, factores como el juicio, la creatividad, la capacidad de adaptación y la coordinación del talento podrían convertirse en elementos de diferenciación empresarial.

Más que una competencia entre personas y máquinas, el escenario descrito por el informe apunta hacia una reorganización de la relación entre ambas. Las compañías que consigan rediseñar el trabajo y, al mismo tiempo, conservar la confianza y fortalecer las capacidades de sus equipos estarán mejor posicionadas para transformar la adopción tecnológica en resultados sostenibles.


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