Reimaginar la marca empleadora en la era de la inteligencia artificial
- Editorial
- hace 22 minutos
- 3 Min. de lectura
Antes de estudiar comunicación, cursé una maestría en recursos humanos. Aquella formación, me dejó una certeza que hoy cobra nueva vigencia: las personas no trabajan solo por lo que ganan, sino por lo que representan dentro de una historia colectiva. El trabajo debe ser una oportunidad de participar de una narrativa compartida en torno a propósito, reconocimiento, aprendizaje y pertenencia.


Por: Pablo Duncan-Linch
Socio Director CLC Comunicación afiliada a LLYC
(M&T)-. Hace unos quince años, cuando tuve el honor de ser liderar como chair del Comité de Capital Humano de AMCHAM, apenas empezábamos a hablar de marca empleadora. La conversación giraba en torno a la atracción y retención de talento, pero no tanto de la reputación como empleador y casi nada sobre el propósito. La inteligencia artificial que hoy está transformando la manera en que las organizaciones piensan su cultura, gestionan la experiencia del colaborador y comunican su identidad, era todavía una abstracción académica de la que hablábamos pocos, muy poco.
El reciente informe “Reimaginando el Employer Branding en la era de la IA”, elaborado por Catalina Barragán y mi buen amigo David González publicado por LLYC, plantea un cambio profundo en la relación entre las personas y las organizaciones. La marca empleadora ya no es un discurso de atracción, sino una propuesta de valor emocional y simbólica, que integra tecnología, empatía y aprendizaje continuo. La inteligencia artificial puede optimizar procesos, pero también pone a prueba la autenticidad de las empresas.
En mi experiencia, los modelos de comunicación más sólidos son aquellos que comprenden que la cultura no se impone, se conversa. Así como los grandes modelos de lenguaje aprenden de la iteración, las organizaciones deben escuchar, iterar y mejorar a partir de la retroalimentación de su gente. La comunicación interna, cuando se ejerce con rigor y sensibilidad, se convierte en un espacio donde la cultura se hace tangible y el propósito se vuelve acción.
Desde la comunicación, existen al menos tres caminos concretos para fortalecer la marca empleadora en esta nueva era:
a. Narrativas humanizadas apoyadas en datos. La inteligencia artificial ofrece una oportunidad inédita para comprender motivaciones y emociones del talento. El análisis de lenguaje y sentimiento permite detectar patrones y expectativas, pero es la interpretación humana la que transforma esos datos en mensajes con sentido. Comunicar desde la evidencia, sin perder la empatía, es hoy un signo de liderazgo.
b. Liderazgos visibles y conversacionales. En tiempos de automatización, los equipos no esperan discursos perfectos, sino voces auténticas. Es la comunicación del líder, no su cargo, lo que define la confianza. La IA puede asistir en la eficiencia, pero la credibilidad sigue siendo un rasgo exclusivamente humano.
c. Coherencia entre discurso y experiencia. El employer branding no se construye con campañas, sino con coherencia. La cultura se valida en la experiencia cotidiana: si la empresa predica innovación, pero penaliza el error, o si promueve flexibilidad sin confianza, la narrativa se desvanece. La comunicación estratégica permite detectar esas disonancias antes de que se conviertan en fuga de talento.
Lejos de ser una amenaza, la inteligencia artificial debe convertirse en un espejo que refleje la cultura organizacional. Su capacidad de procesar grandes volúmenes de información permite medir el clima laboral, la coherencia del relato y la evolución del propósito. Por eso debe concebirse como un sistema de aprendizaje compartido, no como sustituto de la inteligencia humana. Las organizaciones que la integren desde la comunicación, no solo desde la eficiencia, podrán construir relaciones más profundas y significativas con sus equipos colaboradores.
Coincido con la conclusión del informe de LLYC: Es fundamental construir ecosistemas de talento más humanos, colaborativos y medibles, donde la co-creación y la confianza se convierta en el verdadero diferencial competitivo. Lo anterior es precisamente lo que hacemos para nuestros clientes en CLC Comunicación afiliada a LLYC: unir el valor de combinar datos, sensibilidad y propósito en una arquitectura relacional y comunicacional coherente.
Las empresas deben comprender que su cultura es también una forma de comunicación. Para construir una relación genuina, se debe asumir la coherencia como principio, solo así se podrá convertir a la tecnología en un instrumento de conexión y no de distancia.
El talento de hoy no busca solo pertenecer a una empresa; busca identificarse con una visión del mundo. Las compañías que consigan alinear sus algoritmos con sus valores, su tecnología con su humanidad y sus datos con sus historias serán las que realmente construyan futuro. El employer branding se mide por la calidad del vínculo, y en esa ecuación, la comunicación, como arte de escuchar, interpretar y construir significado, sigue siendo el corazón del liderazgo.





