Procomer apuesta por la sostenibilidad como motor de competitividad, inversión y crecimiento exportador
La Gerente General de la Promotora del Comercio Exterior de Costa Rica, Laura López, advierte que las empresas ya no solo deben producir responsablemente, sino demostrarlo mediante certificaciones, trazabilidad y tecnología.

(M&T)-. La sostenibilidad está dejando de ser un elemento diferenciador para convertirse en una condición cada vez más determinante dentro del comercio internacional. Para las empresas costarricenses, el desafío ya no consiste únicamente en reducir su impacto ambiental, sino en demostrar, con datos verificables, que sus procesos productivos cumplen los estándares exigidos por los compradores globales.
En ese escenario, la Promotora del Comercio Exterior de Costa Rica (Procomer) lanzó este martes su Estrategia de Sostenibilidad durante el evento B2B Forum 2026, organizado por la marca Esencial Costa Rica.
Laura López, gerente general de Procomer, explicó que la institución está ampliando la manera en que mide sus resultados. Aunque tradicionalmente el desempeño se ha evaluado mediante indicadores económicos, la nueva visión incorpora el impacto ambiental, el desarrollo social y la gobernanza como dimensiones relevantes de su gestión.
La estrategia contempla metas relacionadas con el acompañamiento a empresas exportadoras en sus planes de sostenibilidad, la transformación productiva con menor impacto ambiental y la atracción de inversiones que incorporen criterios ASG.
También busca integrar a más empresas locales en cadenas globales de valor mediante encadenamientos de alto valor agregado, promover oportunidades laborales en las distintas regiones del país y fortalecer el talento humano para responder a las necesidades de los sectores productivos.
En paralelo, Procomer pretende medir aspectos internos de su operación, como la huella ambiental, el consumo energético y los programas dirigidos a sus colaboradores y comunidades.
El planteamiento introduce un cambio en la forma de entender la competitividad. Ya no se trata exclusivamente de cuánto exporta una empresa o cuántos empleos genera una inversión, sino también de cómo se produce, qué recursos se utilizan y cuáles son los efectos de esa actividad sobre el entorno.
Más de $13 millones para impulsar la transformación empresarial

Uno de los principales obstáculos para incorporar prácticas sostenibles continúa siendo la percepción de que su implementación exige inversiones difíciles de asumir, especialmente para pequeñas y medianas empresas.
Para enfrentar esa barrera, Procomer ha desarrollado programas de capacitación, asesoría y financiamiento que buscan facilitar la transformación productiva de las compañías.
Según López, la institución ha colocado más de $13 millones en fondos no reembolsables, beneficiando a más de 450 empresas, mediante iniciativas que generan ahorros, eficiencias operativas y mejoras que pueden demostrarse ante compradores internacionales.
Estos recursos forman parte de un modelo de acompañamiento que combina información sobre los requisitos de los mercados, capacitación y herramientas concretas para que las empresas puedan adaptarse a nuevas exigencias comerciales.
La gerente general destacó que las compañías necesitan comprender que la sostenibilidad no necesariamente representa un gasto adicional sin retorno. En determinados procesos, la incorporación de tecnologías y mejores prácticas puede traducirse en un aprovechamiento más eficiente de los recursos y menores costos operativos.
Esta línea de trabajo también se refleja en programas específicos de transformación empresarial. Durante 2026, Procomer anunció una convocatoria de Impulso Tecnológico dirigida a seleccionar hasta 12 pymes del sector de tecnologías de información y comunicación (TIC), con financiamiento de hasta ₡7 millones por empresa para cubrir un máximo del 80% de cada proyecto. Las compañías deben aportar al menos el 20% restante.
El desafío, sin embargo, no se limita a financiar la adopción de nuevas herramientas. También implica conseguir que las empresas conviertan esas inversiones en resultados medibles, capaces de fortalecer su posición ante clientes internacionales.
Costa Rica tiene una ventaja ambiental, pero necesita demostrarla
Costa Rica ha construido durante las últimas cuatro décadas una trayectoria ambiental que, según López, representa una ventaja frente a países que comenzaron más recientemente a incorporar criterios de sostenibilidad en sus modelos productivos.
La ejecutiva recordó que el país desarrolló políticas, programas y requisitos orientados a reducir o mitigar las consecuencias ambientales de la producción mucho antes de que estas prácticas se convirtieran en exigencias habituales del comercio internacional.
Sin embargo, ese posicionamiento histórico ya no garantiza competitividad por sí solo.
Los compradores internacionales demandan cada vez más evidencia del cumplimiento ambiental mediante certificaciones, mecanismos de trazabilidad y sistemas tecnológicos capaces de documentar los procesos productivos.
La diferencia es fundamental. Una empresa puede implementar prácticas responsables, pero si carece de mecanismos para verificar su desempeño, puede enfrentar dificultades para demostrar que cumple los requisitos de determinados compradores o mercados.
Un ejemplo concreto es el Reglamento de la Unión Europea sobre productos libres de deforestación, que establece obligaciones de diligencia debida para productos como café, cacao, ganado, madera, caucho, soja y aceite de palma, así como determinados derivados.
De acuerdo con el calendario vigente de la Comisión Europea, las obligaciones comenzarán a aplicarse el 30 de diciembre de 2026 para los operadores grandes y medianos, y el 30 de junio de 2027 para la mayoría de los micro y pequeños operadores.
Aunque estos requisitos varían según el producto y el operador, ilustran cómo las condiciones ambientales están pasando de los compromisos voluntarios a obligaciones comerciales y regulatorias.
Para los exportadores costarricenses, esto representa un desafío tecnológico y administrativo adicional. La producción responsable necesita estar respaldada por sistemas capaces de registrar información, verificar su procedencia y facilitar su evaluación.
En ese contexto, la sostenibilidad comienza a converger con otro de los grandes procesos de transformación empresarial: la digitalización.
Inteligencia artificial y automatización: tecnologías para producir con menos recursos
La inteligencia artificial está transformando la productividad empresarial, pero su expansión también plantea interrogantes sobre el consumo energético y los recursos necesarios para sostener la infraestructura digital.
Para López, la respuesta no debería consistir en frenar la incorporación de tecnologías, sino en utilizarlas estratégicamente para mejorar la eficiencia de los procesos productivos.
En el sector agrícola, por ejemplo, los drones pueden contribuir a identificar cuándo y dónde es necesario aplicar fertilizantes o plaguicidas, permitiendo intervenciones más precisas y una utilización más eficiente de los insumos.
En la industria, la automatización y los sistemas inteligentes pueden optimizar operaciones que requieren grandes cantidades de energía, mejorar la utilización de recursos y reducir desperdicios.
Estas aplicaciones permiten conectar dos objetivos que durante años se abordaron de manera separada: incrementar la productividad y reducir el impacto ambiental.
No obstante, la eficiencia obtenida en un proceso no elimina automáticamente la huella ambiental de la tecnología utilizada. Para determinar el beneficio neto es necesario considerar también el consumo energético y los recursos asociados con su implementación.
La adopción tecnológica ya está avanzando dentro del ecosistema empresarial costarricense. Un estudio de Procomer sobre el sector TIC, publicado en febrero de 2026, encontró que el 76% de las empresas consultadas utilizaba herramientas de inteligencia artificial generativa o agentes digitales para apoyar sus operaciones, mientras que el 72% exportaba sus servicios.
Aunque esas cifras corresponden específicamente al sector TIC y no al conjunto de empresas costarricenses, muestran la relevancia que están adquiriendo las tecnologías inteligentes dentro de actividades vinculadas con el comercio internacional.
La oportunidad para Costa Rica consiste en trasladar estas capacidades hacia sectores tradicionales y aprovecharlas para responder a los nuevos requisitos de sostenibilidad.




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