La automatización podría transformar el 57% de las horas laborales en América Latina y generar US$450 mil millones al año
- Luisa Velásquez

- hace 2 horas
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La inteligencia artificial y la automatización están redefiniendo el futuro del trabajo en América Latina. Un análisis de McKinsey Global Institute estima que más de la mitad de las horas laborales en la región podrían automatizarse con tecnologías ya disponibles, un cambio que, lejos de anticipar una sustitución masiva de empleos, abre la puerta a una mayor productividad y creación de valor, siempre que las empresas acompañen esta transición con inversiones en talento y nuevas capacidades.

La transformación impulsada por la inteligencia artificial ya dejó de ser una proyección para convertirse en un proceso que está cambiando la forma en que las empresas organizan el trabajo. De acuerdo con el más reciente informe Agentes, robots y nosotros, elaborado por McKinsey Global Institute (MGI), el 57% de las horas de trabajo en América Latina podrían automatizarse utilizando tecnologías que ya existen.
El estudio, que analizó alrededor de 800 ocupaciones en 15 países de la región, calcula que este proceso permitiría generar hasta US$450,000 millones en valor anual hacia 2030, gracias a mejoras en productividad y eficiencia derivadas de la automatización.
Según María Jesús Ramírez, fellow de McKinsey Global Institute, las organizaciones latinoamericanas ya comenzaron a implementar inteligencia artificial a gran escala, alcanzando resultados que anteriormente requerían un esfuerzo humano considerable o simplemente no eran viables.
No obstante, el informe aclara que el impacto de estas tecnologías no implica necesariamente una reducción generalizada del empleo. Más bien, plantea una reorganización de las tareas y una redefinición de los roles dentro de las empresas, donde las personas continuarán desempeñando un papel central junto a la inteligencia artificial.
La naturaleza de esa transformación también varía entre los países. En economías con una fuerte orientación hacia los servicios, como Costa Rica, Argentina, Chile y Uruguay, el mayor potencial de automatización se concentra en tareas administrativas y de oficina mediante software. En otros mercados latinoamericanos, en cambio, predominan actividades manuales o de fuerza física, donde la incorporación de robots tendría un papel más relevante.
El ritmo de adopción, sin embargo, podría ser más gradual en la región debido a factores como los costos de implementación y el nivel de preparación de las organizaciones para emprender este tipo de transformaciones. A ello se suma un contexto demográfico caracterizado por un menor crecimiento de la población y el envejecimiento de la fuerza laboral, elementos que incrementan la necesidad de elevar la productividad.
Para Jaime Szigethi, socio de McKinsey y coautor del informe, el verdadero potencial de la inteligencia artificial dependerá menos de la tecnología disponible y más de la capacidad de las organizaciones para rediseñar la manera en que se realiza el trabajo.

En la práctica, distintas empresas latinoamericanas ya combinan el trabajo de personas, agentes de inteligencia artificial y robots para acelerar procesos, ampliar su capacidad operativa y fortalecer la toma de decisiones. Entre las aplicaciones identificadas por el estudio destaca el uso de agentes de IA capaces de analizar miles de llamadas de atención al cliente y apoyar a los equipos comerciales mediante recomendaciones en tiempo real.
Este escenario también está elevando la demanda de nuevas competencias. McKinsey señala que el conocimiento en inteligencia artificial es actualmente la habilidad de mayor crecimiento en el mercado laboral latinoamericano, con una demanda que se multiplicó por once en apenas dos años, una expansión que supera la registrada en Estados Unidos y Europa.
El informe sostiene que este comportamiento refleja una incorporación cada vez mayor de la IA en las actividades cotidianas de los trabajadores, lo que obliga a las organizaciones a ir más allá de la adopción tecnológica y replantear sus procesos internos para aprovechar plenamente su potencial.
Al mismo tiempo, las capacidades humanas seguirán siendo determinantes. Habilidades como la resolución de problemas, el trabajo colaborativo y la comunicación efectiva mantendrán un papel estratégico, aunque cada vez más complementadas por herramientas de inteligencia artificial. En ese contexto, el desafío para las empresas será construir modelos de trabajo donde la tecnología y el talento humano actúen de manera conjunta para impulsar la competitividad y el crecimiento económico.




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