Datos, riesgo y experiencia: las claves del Banking Tech Summit Guatemala 2026
- M&T
- hace 4 horas
- 3 Min. de lectura
¿Está la banca realmente preparada para entender a sus clientes más allá de los números? La conversación ya no gira solo en torno a servicios financieros, sino a experiencias hiperpersonalizadas, seguridad avanzada y decisiones en tiempo real. En el marco del Banking Tech Summit 2026 en Guatemala, líderes del sector coincidieron en que la transformación ya está en marcha, pero aún enfrenta desafíos clave.

(M&T)-. El panel titulado “El futuro de los servicios financieros: innovación, confianza y nuevos modelos digitales” reunió a representantes de Coinscrap Finance, Active IT Consulting, Zscaler y Soluciones Seguras, quienes abordaron el papel de los datos, la inteligencia artificial y la ciberseguridad en la evolución de la banca. El consenso fue claro: la industria posee grandes volúmenes de información, pero aún no los aprovecha plenamente para generar valor real.
Uno de los puntos centrales fue el uso del dato como motor de innovación. Las entidades financieras apenas utilizan cerca del 10% de la información transaccional disponible, lo que limita su capacidad para conocer a profundidad a sus clientes. Este escenario contrasta con modelos como los de empresas tecnológicas, donde el análisis de datos es el núcleo del negocio. Hoy, la inteligencia artificial permite procesar estos volúmenes masivos y traducirlos en servicios personalizados, desde recomendaciones financieras hasta productos adaptados al comportamiento del usuario.
Innovación, personalización y nuevos modelos
La evolución hacia una banca más inteligente también implica cambios estructurales. La hiperpersonalización ya no es una ventaja competitiva, sino una expectativa del usuario, quien demanda ofertas alineadas a su realidad financiera. Sin embargo, lograrlo requiere superar barreras como la interconectividad de datos, el cumplimiento regulatorio y la integración de múltiples fuentes de información.
En este contexto, surge un dilema estratégico: ¿hasta qué punto los bancos deben desarrollar tecnología internamente o apoyarse en terceros? La presión por innovar ha llevado a muchas instituciones a intentar convertirse en empresas tecnológicas, lo que puede traducirse en altos costos y retrasos en el time to market. Paralelamente, tendencias como el Open Banking y la migración a la nube avanzan en la región, aunque aún con menor velocidad frente a mercados como Europa o Brasil.
Otro eje relevante es la rentabilidad. La combinación de onboarding digital, CRM integrados y analítica avanzada permite no solo captar clientes, sino también reducir la fuga y mejorar la eficiencia comercial. En este sentido, la tecnología no solo impulsa la innovación, sino que se convierte en un factor directo para mejorar el desempeño financiero de las entidades.
Ciberseguridad y confianza en la era digital
El avance tecnológico trae consigo nuevos riesgos. La inteligencia artificial no solo fortalece a las instituciones, también potencia las capacidades de los atacantes, lo que obliga a repensar los modelos de seguridad. El enfoque tradicional ya no es suficiente frente a un entorno donde los datos están distribuidos entre nubes, dispositivos y sistemas externos.
Ante este panorama, el modelo Zero Trust se posiciona como una alternativa clave. Este paradigma parte de un principio claro: no confiar en ningún usuario o sistema sin verificación previa, evaluando identidad, contexto y nivel de riesgo en cada interacción. Este enfoque permite equilibrar seguridad y experiencia del usuario, evitando fricciones innecesarias mientras se protegen los activos críticos.
La confianza del cliente también emerge como un factor determinante. La disponibilidad del servicio, la protección de los datos y la coherencia en la personalización son elementos esenciales para mantener la credibilidad. Un fallo recurrente en plataformas digitales o una mala gestión de la información puede erosionar rápidamente la relación con el usuario, incluso en instituciones con buena reputación.
Finalmente, los expertos coincidieron en que el mayor desafío no es solo tecnológico, sino estratégico. La velocidad del cambio obliga a las organizaciones a adaptarse constantemente, adoptando nuevas herramientas sin comprometer la seguridad ni la experiencia. En un entorno donde la innovación avanza más rápido que la regulación, la capacidad de adaptación será el verdadero diferencial competitivo.
