Territorio que habla: Sostenibilidad que escucha
- Editorial

- 18 nov 2025
- 2 Min. de lectura
La sostenibilidad no es una meta que se alcanza de una vez por todas. Es una forma de entender el desarrollo: equitativo, continuo y con sentido de largo plazo. Implica tomar decisiones pensando en las generaciones futuras, en la distribución justa de oportunidades y en el acceso real a derechos para todas las personas. En países como Costa Rica, donde la geografía y la desigualdad territorial representan desafíos persistentes, hablar de sostenibilidad también es hablar de inclusión.


Por: Guillermo Rodríguez Vasquez
Líder Sostenibilidad del Banco Nacional de Costa Rica
(M&T)-. Durante décadas, muchas comunidades alejadas del centro del país estuvieron al margen de los servicios financieros.
En lugares como Isla Chira, Isla Venado, Barra de Parismina, Alto Chirripó en Turrialba, realizar una gestión bancaria sencilla implicaba recorrer largas distancias y asumir los costos económicos del traslado. Esta realidad limitaba el ejercicio pleno de derechos y la posibilidad de emprender, ahorrar o planificar con seguridad.
Hace más de 20 años, se creó la red BN Servicios con el objetivo de responder a esta exclusión. A través de pequeños comercios administrados por personas de la misma comunidad, se han establecido más de 3000 puntos de atención en todo el país. Estas personas son el rostro visible de una red que, sin grandes infraestructuras, permite realizar pagos, transferencias, retiros, depósitos y otras gestiones cotidianas con facilidad y cercanía. Llegando hasta donde otros no llegan, hicimos que la banca dejara de ser un edificio lejano y se convirtiera en una presencia cotidiana, al alcance de todos.
Esta iniciativa demuestra que la sostenibilidad se construye desde lo cotidiano. Desde la decisión de fortalecer las economías locales, capacitar a personas de la comunidad y brindar acceso a servicios que mejoran la calidad de vida. Y, sobre todo, desde la escucha: identificar necesidades concretas y atenderlas de manera pertinente y respetuosa.
Esta cercanía no es solo geográfica: es también humana. Al estar presentes en el territorio, se establece una relación directa con las realidades locales, con los desafíos que enfrenta cada comunidad y con sus formas particulares de organización. Escuchar con atención lo que el territorio expresa, a través de sus liderazgos, sus necesidades y sus ritmos, permite adaptar los servicios financieros para que sean verdaderamente útiles y pertinentes. Esta forma de actuar no responde a una lógica de expansión, sino a un compromiso sostenido con la equidad y el desarrollo compartido.
En un sistema financiero donde muchas veces se prioriza la rentabilidad sobre el impacto social, es necesario recordar que existen modelos distintos. En el caso del Banco Nacional, nuestras y nuestros accionistas no son un grupo privado: son todas las personas costarricenses. Esa condición redefine nuestras prioridades y nos compromete, de manera directa, con el bienestar colectivo. El impacto social no es un valor agregado: es parte de nuestro mandato.
Porque al final, una sociedad más equitativa y conectada con sus propias realidades es también una sociedad más resiliente, más cohesionada y con mayores posibilidades de construir futuro.









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