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La economía de la IA exige entender un sistema que avanza a múltiples velocidades

Foto del escritor: Luisa Velásquez
Luisa Velásquez
hace 49 minutos
3 min de lectura

La inteligencia artificial no evoluciona de manera aislada: mientras las capacidades de los modelos avanzan a ritmo exponencial, la infraestructura, las organizaciones y las regulaciones lo hacen a velocidades distintas, creando nuevas oportunidades y restricciones.



La inteligencia artificial podría convertirse en una de las tecnologías más determinantes de la época, pero su velocidad de expansión y sus efectos sobre la economía todavía están lejos de ser predecibles. Para McKinsey & Company, comprender esta transformación requiere dejar de analizar por separado factores como inversión, talento, infraestructura y adopción, y comenzar a observar cómo cada uno modifica al resto.


La consultora plantea una visión sistémica de la llamada economía de la IA, en la que los avances tecnológicos generan cambios que, a su vez, trasladan las restricciones hacia otros puntos del sistema.



Han pasado menos de cuatro años desde el lanzamiento de ChatGPT y la IA generativa ya está modificando la manera en que las personas piensan y trabajan. Sin embargo, las capacidades de la tecnología avanzan más rápido que otros componentes necesarios para su expansión. Mientras los modelos evolucionan de forma exponencial, la construcción de centros de datos, redes eléctricas y fábricas de chips avanza de manera lineal, al tiempo que transformar las operaciones de una empresa puede requerir años.


Esto genera un escenario de múltiples velocidades. Una restricción puede resolverse y dar paso a otra, por lo que, según el planteamiento de McKinsey, los líderes necesitan saber cuándo acelerar los elementos que se encuentran rezagados y cuándo moderar la adopción si esta avanza más rápido que las salvaguardas y la gobernanza.


Empresas: de la eficiencia a nuevos negocios


Para las empresas, la incorporación de IA no garantiza por sí sola una ventaja competitiva sostenible. Si los competidores tienen acceso a la misma tecnología, la diferenciación dependerá de combinarla con activos difíciles de replicar, como datos propietarios, escala o relaciones sólidas con los clientes.


La oportunidad, plantea McKinsey, está también en utilizar la IA para construir nuevos negocios y no únicamente para automatizar los existentes. Pero ese proceso necesita del respaldo de las personas: si los trabajadores no perciben beneficios concretos en su día a día, la resistencia puede limitar el impacto de la tecnología.


El desplazamiento de las restricciones, del cómputo hacia la energía, la infraestructura y la adopción organizacional,  también modifica el mapa de oportunidades para los inversionistas. El crecimiento exponencial de las capacidades de la IA, sin embargo, no implica necesariamente un crecimiento equivalente en todos los negocios vinculados con ella. McKinsey señala que incluso una adopción amplia no garantiza mejores perspectivas si no se traduce en crecimiento real y no únicamente en reducción de costos.


A esto se suma la necesidad de considerar la correlación entre inversiones en chips, centros de datos, energía y software, ya que pueden estar expuestas a factores comunes.


El desafío para las políticas públicas


Para los formuladores de políticas públicas, el reto consiste en identificar cuáles son las principales restricciones en cada economía. Estas pueden estar relacionadas con energía, infraestructura digital, permisos o capacidades institucionales.


La evolución acelerada de la IA también plantea la necesidad de adaptar la regulación conforme aparezca nueva evidencia. Promover la competencia y ampliar el acceso a habilidades y capital forman parte de este desafío, mientras que la inversión pública en infraestructura y talento puede contribuir a generar confianza.


La transformación no se limita a empresas, gobiernos e inversionistas. Para las personas, la creciente presencia de IA hace necesario desarrollar fluidez en el uso de estas herramientas y reconocer cuándo el juicio humano debe intervenir.



En este contexto, habilidades como la creatividad, la empatía y el pensamiento crítico adquieren mayor relevancia. También cobra importancia el manejo cuidadoso de información sensible al interactuar con sistemas de IA.


Al mismo tiempo, la tecnología puede ampliar las posibilidades de las personas al facilitar el acceso a capacidades que anteriormente requerían experiencia especializada o equipos numerosos.


La trayectoria de la inteligencia artificial, por tanto, no dependerá únicamente de cuánto mejoren los modelos o de cuántos nuevos usos aparezcan. Su impacto estará determinado por la interacción entre tecnología, recursos físicos, instituciones, mercados y personas, cada uno avanzando a un ritmo diferente.


Para los líderes empresariales, el desafío que plantea esta economía no consiste en anticipar un único futuro para la IA, sino en comprender cómo se relacionan sus distintas piezas y responder con una visión sistémica a un entorno que cambia constantemente.

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