El reacomodo económico redefine el 2026 latinoamericano
- Walter Rivera

- 4 ene
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El cierre de 2025 deja un panorama económico marcado por tensiones geopolíticas, volatilidad en los mercados energéticos, cambios en las cadenas globales de suministro y un crecimiento desigual entre regiones.

(M&T)-. Para América Latina, este contexto abre un nuevo ciclo en 2026 donde la estabilidad dependerá de factores externos, decisiones fiscales internas y la capacidad de adaptación de cada economía. El reacomodo global no solo implica cambios en flujos comerciales y financieros, sino también en prioridades productivas y tecnológicas que influirán en la competitividad del próximo año.
Informes del Fondo Monetario Internacional proyectan que el crecimiento global será moderado durante 2026, impulsado principalmente por Asia y algunas economías avanzadas, mientras que América Latina enfrentará condiciones mixtas debido a la desaceleración de la demanda externa, presiones inflacionarias persistentes y mayores exigencias para atraer inversión.
El organismo destaca que factores como la inteligencia artificial, la transición energética y la reducción de riesgos geopolíticos influirán directamente en el ritmo de recuperación regional.
En el plano interno, la región continuará ajustando sus políticas fiscales luego de varios años de presión sobre las cuentas públicas. Países con mejor disciplina fiscal podrían obtener condiciones más favorables en financiamiento, mientras que aquellos con déficits elevados enfrentarán mayores costos y menor margen de maniobra. Estudios del Banco Mundial subrayan que la productividad sigue siendo uno de los mayores desafíos de América Latina, ya que el crecimiento se ve limitado por baja inversión en tecnología, brechas en capital humano y rezagos en infraestructura crítica.
Otro elemento clave será la reconfiguración del comercio global. La tendencia hacia cadenas de suministro más seguras, junto con el avance del nearshoring y friendshoring, abre oportunidades para México, Centroamérica y el Cono Sur, pero también exige reformas regulatorias y mejoras logísticas. La OCDE advierte que la región debe acelerar su integración comercial para aprovechar el crecimiento de nuevos polos económicos como India y el Sudeste Asiático.
La transición energética también tendrá impacto directo en la estabilidad económica de 2026. Países productores de minerales críticos y energías renovables podrían mejorar su posición estratégica, mientras que economías dependientes de combustibles fósiles enfrentarán presiones adicionales. El auge del hidrógeno verde, la electromovilidad y la infraestructura digital será determinante para atraer capital internacional.
El reacomodo económico post-2025 exige un enfoque más estratégico. La región ingresará a 2026 con retos fiscales, volatilidad externa y oportunidades de integración que dependerán de su capacidad para adaptarse, innovar y fortalecer su institucionalidad. La estabilidad no será un resultado automático, sino una construcción basada en decisiones de política pública y una visión más competitiva del desarrollo.









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