El peso de lo legado en la innovación de la banca
- Editorial

- hace 6 días
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Hablar hoy de transformación digital en la banca de Centroamérica y el Caribe implica reconocer que no estamos frente a una tendencia pasajera, sino ante una reconfiguración de las reglas de competencia en el sistema financiero. Si antes la escala y la estabilidad definían el liderazgo, hoy es la capacidad de evolucionar tecnológicamente, con rapidez, coherencia y visión de largo plazo, la que empieza a marcar la diferencia entre quienes logran capturar nuevas oportunidades y quienes, inevitablemente, quedan rezagados frente al dinamismo.


Por: Alejandro Masseroni
Regional sales leader – NextGen financial services de Temenos.
(M&T)-. Este es un momento oportuno para hablar del tema porque la región concentra conversaciones clave sobre el futuro del sector, mientras convive con una realidad en la que una base tecnológica legada no solo limita la captura de nuevas oportunidades, sino que incrementa el riesgo operativo y continúa ampliando la deuda tecnológica de las instituciones. De acuerdo con el reporte “Modernización bancaria en América Latina” de Temenos, cerca del 60% de las operaciones bancarias sigue dependiendo de sistemas obsoletos. Mientras la demanda del mercado avanza hacia experiencias digitales inmediatas, personalizadas y disponibles en tiempo real, una parte importante de la infraestructura que las soporta fue concebida bajo lógicas operativas de otra época.
El principal desafío radica en entender que el core bancario ha dejado de ser un componente invisible para convertirse en un habilitador de la estrategia de negocio. Cuando una entidad decide actualizar su core, en realidad está redefiniendo su capacidad para lanzar productos, integrar canales, automatizar procesos y, en última instancia, competir. Sin embargo, este proceso no suele ser lineal, especialmente en el back office, donde conviven múltiples sistemas, integraciones e interfaces que sostienen la operación diaria y que, en muchos casos, han evolucionado de manera fragmentada.
Allí es donde la migración de datos se convierte en un proceso de cuidado, ya que, más allá de trasladar información, es necesario garantizar su calidad, consistencia y disponibilidad para habilitar una banca que opere sobre inteligencia en tiempo real. Cuando hablamos de millones de clientes y cientos de miles de operaciones, el reto es mucho más complejo, porque de esa base depende la capacidad de incorporar analítica avanzada, automatización e incluso inteligencia artificial en procesos que antes eran completamente manuales o dependientes de intervención humana constante.
El impacto de esta transformación se extiende a todo el ecosistema: mejora la experiencia de los usuarios, fortalece la oferta para las empresas y genera condiciones más favorables para la inclusión financiera.
Al final, la modernización del core bancario representa mucho más que una decisión tecnológica, reflejando cómo una institución, y, en conjunto, una región, decide posicionarse frente al futuro. Centroamérica y el Caribe tienen hoy la oportunidad de ampliar su capacidad para habilitar nuevos productos y servicios financieros, llegar a segmentos históricamente desatendidos y profundizar la inclusión financiera, apoyándose en arquitecturas más abiertas, inteligentes y resilientes. La pregunta que debemos hacernos hoy es qué tan preparados están los distintos actores para liderar la transformación y convertirla en un motor real de competitividad y crecimiento económico.




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