Cripto y DeFi redefinen el acceso al dinero en la región
- M&T

- 26 abr
- 3 Min. de lectura
¿Qué ocurre cuando millones de personas encuentran alternativas fuera del sistema bancario tradicional? En América Latina, esa pregunta ya no es teórica: es una transformación en marcha que está cambiando la forma en que se ahorra, se envía dinero y se accede al crédito.

(M&T)-. Las criptomonedas y las finanzas descentralizadas (DeFi) están dejando de ser una tendencia emergente para convertirse en una herramienta cotidiana, especialmente en una región donde la exclusión financiera, la inflación y la volatilidad monetaria han impulsado nuevas soluciones digitales. Según datos del sector, el mercado cripto regional alcanzó US$162,100 millones en 2024 y podría escalar hasta US$442,600 millones en 2033, reflejando un crecimiento sostenido que responde a necesidades reales más que a la especulación.
El fenómeno se observa con claridad en distintos países. En Argentina, la depreciación superior al 30% del peso en un año ha acelerado el uso de stablecoins como USDT y DAI, utilizadas como resguardo de valor frente a la inestabilidad. Mientras tanto, en Brasil, más del 30% del volumen de transacciones cripto ya se realiza a través de protocolos DeFi, evidenciando un cambio estructural en la forma en que los usuarios interactúan con el sistema financiero.
En Colombia, el avance también es significativo. Alrededor de 6 millones de personas utilizan criptomonedas o servicios asociados, posicionando al país como uno de los principales mercados de adopción en la región, mientras el entorno regulatorio comienza a desarrollarse para acompañar este crecimiento.
Por su parte, México muestra otro ángulo del fenómeno. Las remesas, que superaron los US$64,000 millones en el primer cuatrimestre de 2025, están migrando hacia soluciones digitales, donde el uso de stablecoins ha permitido reducir costos de envío del 7% al 2.5%, transformando un proceso tradicional en una operación más eficiente y accesible.
DeFi y el acceso sin intermediarios
Uno de los cambios más relevantes ocurre en el corazón del sistema financiero. Las finanzas descentralizadas permiten realizar operaciones sin bancos, utilizando contratos inteligentes que automatizan procesos como préstamos, ahorros o transferencias, todo desde un dispositivo con acceso a internet. A nivel global, el valor total bloqueado en estos protocolos alcanzó US$154,000 millones en 2025, lo que evidencia la magnitud del ecosistema.
Este avance cobra mayor relevancia en América Latina, donde una parte importante de la población aún no tiene acceso a servicios bancarios tradicionales, según el Banco Mundial. En este contexto, la adopción de criptomonedas entre usuarios digitales ya se sitúa entre el 15% y el 18%, reflejando una penetración creciente en segmentos históricamente desatendidos.
Más allá de la tecnología, el cambio es estructural. Las criptomonedas no están reemplazando al sistema financiero tradicional, sino llenando un vacío donde este nunca logró consolidarse, generando nuevas dinámicas económicas basadas en accesibilidad, rapidez y autonomía.
Riesgos, regulación y el nuevo lenguaje económico
A pesar del crecimiento, el ecosistema no está exento de desafíos. La volatilidad de los criptoactivos sigue siendo un riesgo relevante, especialmente para usuarios con menor capacidad de absorción de pérdidas. A esto se suman factores como la brecha digital, la falta de educación financiera y los incidentes de seguridad en protocolos DeFi, que han generado pérdidas millonarias a nivel global.
El entorno regulatorio también evoluciona. La incertidumbre jurídica en varios países limita la adopción institucional, aunque al mismo tiempo impulsa la creación de marcos normativos que buscan equilibrar innovación y protección al usuario.
En paralelo, emergen nuevas tendencias que marcarán el rumbo del sector. La tokenización de activos, la integración de inteligencia artificial en las finanzas descentralizadas (DeFAI) y el desarrollo de stablecoins vinculadas a monedas locales forman parte de una nueva fase que redefine el mapa económico regional.
En este escenario, el reto no es solo tecnológico. Empresas, medios y actores del ecosistema deben aprender a interpretar una economía que ya no responde a las reglas tradicionales, donde el acceso al dinero, la confianza y la intermediación están siendo reconfigurados en tiempo real.




Comentarios