Centroamérica y el Caribe vuelven al mapa de las cadenas regionales

La reorganización del comercio internacional está abriendo una nueva ventana para Centroamérica y el Caribe, regiones que por su cercanía con Estados Unidos, acceso a rutas marítimas y vínculos comerciales pueden ganar espacio dentro de cadenas de suministro que buscan ser más cortas, resilientes y diversificadas.

(M&T)-. La tendencia no parte únicamente del nearshoring. Las tensiones comerciales, los cambios en la política arancelaria estadounidense y la necesidad de reducir la dependencia de proveedores lejanos están impulsando a las empresas a reconsiderar dónde producen, almacenan y compran sus insumos. En ese escenario, México continúa siendo un actor central, pero Centroamérica y el Caribe tienen oportunidades para integrarse como proveedores complementarios.
Un reciente estudio de la CEPAL identificó 189 oportunidades comerciales entre México, Centroamérica y República Dominicana, a partir de más de 5.000 productos importados por el mercado mexicano. El análisis muestra que existen complementariedades que podrían convertirse en nuevos flujos de comercio e inversión si los países desarrollan las capacidades necesarias para responder a esa demanda.
El Caribe también tiene espacio para diversificarse. Aunque su participación en el comercio
total de Estados Unidos todavía se mantiene por debajo del 1%, la CEPAL señala oportunidades para ampliar su integración más allá de sectores tradicionalmente concentrados como energía, transporte, turismo y servicios. Esto implica avanzar hacia nuevas actividades productivas y fortalecer los vínculos comerciales dentro de la propia región.
La oportunidad, sin embargo, no está garantizada por la ubicación geográfica. Infraestructura logística, energía confiable, digitalización aduanera, capital humano y reglas claras para la inversión serán determinantes para que las empresas consideren a estos mercados como parte estable de sus cadenas productivas. El BID resume parte de este desafío en tres frentes: inversión, infraestructura e integración regional.
También será necesario pasar de una estrategia enfocada únicamente en atraer grandes inversiones extranjeras a otra que permita integrar proveedores locales, PyMEs y servicios especializados. De lo contrario, nuevas plantas o centros logísticos pueden instalarse en la región sin generar encadenamientos suficientes con las economías locales.
El comercio regional también puede jugar un papel mayor. La CEPAL destaca que fortalecer las cadenas regionales de valor puede contribuir a generar empleo y elevar la productividad, especialmente si los países avanzan simultáneamente en capacitación y sofisticación de su oferta exportadora.
Para Centroamérica y el Caribe, la nueva geografía del comercio representa una oportunidad para dejar de competir únicamente por costos y comenzar a hacerlo por conectividad, especialización y capacidad de respuesta. Estar cerca de los grandes mercados es una ventaja; convertir esa cercanía en una verdadera plataforma productiva regional será el desafío.




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